El escritor chileno Julio Rojas, creador de la exitosa audioserie Caso 63, afirmó que la inteligencia artificial es un fuego que la humanidad aún no sabe controlar y advirtió que el mayor riesgo no es que las máquinas tomen el poder, sino que las personas queden atrapadas para siempre en una burbuja de placer tecnológico. Rojas hizo estas declaraciones en una entrevista publicada el 7 de noviembre de 2026 por Teletica (Canal 7), en el marco del Hay Festival Arequipa 2026, donde presentó su libro El problema del fin del mundo y su audioserie Almanaque 2035.
Para Rojas, nacido en Santiago de Chile en 1965, la ciencia ficción no trata de imaginar mundos lejanos sino de leer el presente con atención. Su tesis es que vivimos rodeados de eventos semilla, hechos minúsculos que no generan titulares pero que modelarán por completo el futuro. Desde esa perspectiva, sostuvo que el momento para debatir los efectos de la tecnología es ahora, no dentro de una década.
La seducción de la inteligencia artificial
A diferencia de las armas nucleares o de los virus manipulados en laboratorios, la IA no genera un consenso de peligro, explicó el escritor. Las armas nucleares tienen legislación, miedo colectivo y protocolos; la inteligencia artificial, en cambio, seduce.
Es una tecnología que hace una captura empática, que nos enamora, dijo Rojas, quien aseguró recibir mensajes constantes de personas que mantienen relaciones significativas con una IA. Interpretó ese fenómeno como síntoma de soledad en un mundo excesivamente complejo.
El problema de la IA es que es seductora. Es una tecnología que nos atrapa, que hace una captura empática, que nos enamora.
El autor identificó dos vías de catástrofe. La primera es el uso intencional indebido de la IA por parte de humanos, algo que según él ya ocurre con las empresas que fabrican drones militares inteligentes, práctica que calificó de inmoral y descabellada. La segunda no requiere que la IA quiera destruirnos: basta una orden mal formulada o una interpretación desalineada del sistema. Pero lo que más le aterra, admitió, es un escenario más silencioso: que todos quedemos embobados con la tecnología en una especie de scroll infinito de placer.
El choque ontológico: el fin del mundo que nadie contempla
En su libro, Rojas narra tres fines del mundo posibles. Dos son intuitivos: una superinteligencia artificial que lo devora todo y un virus amenazante. El tercero es el más original y el que da título a la conversación: el choque ontológico, concepto que el escritor investigó durante un encargo como guionista, cuando viajó a Zúrich para entrevistar a Billy Meier, un anciano que decía haber tomado una fotografía de un ovni usada en un afiche de la serie Los expedientes secretos X.
Según le contaron abogados de Washington y fuentes del Vaticano consultadas durante esa investigación, la información no se libera por el temor a ese choque: la especie no estaría preparada para que se derrumbe el piso conceptual de que estamos solos en el universo. Si ocurriera algo como en la película Arrival, la gente dejaría de pagar, de trabajar, de educarse y de amar, sostuvo Rojas.
La conversación llega en un momento de particular sensibilidad apocalíptica. El medio boliviano El Deber reprodujo las declaraciones de Rojas este mismo mes, y en días recientes varios portales regionales, entre ellos Netnoticias, reseñaron un estudio que fijó una fecha concreta, el 13 de noviembre de 2026, para un hipotético fin del mundo basado no en meteoritos ni profecías, sino en el patrón de crecimiento de la población mundial durante los últimos dos mil años.
Longevidad, multimillonarios y la nueva brecha de la información
Otro de los temas semilla que Rojas explora en Almanaque 2035 es la longevidad. El escritor planteó preguntas incómodas: qué pasa si alguien de 87 años luce como alguien de 38, si el cuerpo se homogeniza y se convierte en un producto estándar accesible mediante tratamientos de edición génica, nanobots y alargamiento de telómeros.
La inmortalidad es el gran tema humano, recordó: la primera historia de la humanidad, la epopeya de Gilgamesh, ya trataba la búsqueda de la longevidad. Pero advirtió que los primeros inmortales serán los multimillonarios que financian gran parte de la investigación médica actual, movidos por un feroz miedo a la muerte. Eso, en su opinión, configura una distopía completa.
Rojas también describió lo que considera la gran brecha del futuro: ya no será física ni económica, sino de información. Habrá quienes sepan usar una tecnología para cruzar datos imposibles de comprender para el resto, y habrá víctimas de esa información privilegiada. Ya está sucediendo, afirmó.
¿Quién controla el debate sobre el futuro?
Preguntado sobre si la discusión está en las manos correctas, Rojas fue contundente. En Occidente, dijo, dejamos que un puñado de personas manejara nuestro futuro, un grupo que se cuenta con los dedos de las manos y que no se caracteriza precisamente por la sensatez. Los describió como infantiles, egóticos y desmesurados, niños villanos de película de Marvel.
Aun así, vio una grieta de esperanza: ese grupo cree que puede mantener el fuego dentro de una caja, pero en pocos años cualquiera podrá tener su propia inteligencia artificial sin pagarle a las grandes corporaciones. El fuego no se puede mantener restringido y todo el mundo va a tener su antorcha, dijo.
Para una audiencia costarricense, acostumbrada a un modelo democrático sin ejército y con fuerte apego al Estado de derecho, la advertencia de Rojas invita a una reflexión cívica: si el diseño de las próximas generaciones está concentrado en unas pocas manos privadas, la sociedad civil y las instituciones públicas tienen la tarea de exigir transparencia, regulación y participación en esas decisiones.
La duda como herramienta democrática
Rojas cerró la conversación defendiendo el pensamiento crítico. Rechazó tanto al conspiranoico de extrema derecha que construye búnkeres como al terraplanista antivacunas, porque cuando cae la ciencia se derrumba también el pensamiento crítico, dijo. Pero en un mundo donde ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, uno tiene que dudar, porque la duda nos va a salvar.
Desde el sur, agregó, la ciencia ficción puede dar mejores respuestas que las que surgen dentro de la pecera de Silicon Valley, porque el futuro lo vamos a experimentar todos, queramos o no.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un choque ontológico según Julio Rojas?
Es el colapso del supuesto de que la humanidad está sola en el universo. Rojas sostiene que revelar información sobre vida extraterrestre, verdadera o falsa, podría desencadenar una crisis civilizatoria sin necesidad de ningún ataque.
¿Por qué Julio Rojas teme a la inteligencia artificial?
Porque es una tecnología seductora que genera dependencia emocional, carece de un marco de consenso internacional como el de las armas nucleares y puede causar daños por uso indebido o por una orden mal interpretada.
¿Qué es Almanaque 2035?
Es una audioserie de Rojas basada en investigación científica real, que imagina escenarios futuros de longevidad, medicina personalizada y sociedades transformadas por la tecnología.
