México reabre el debate sobre el fracking: ¿hacia un nuevo modelo energético?
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha reabierto en México el debate sobre la fracturación hidráulica, una técnica de extracción de gas natural no convencional que durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador fue rechazada por sus posibles impactos ambientales. Una comisión de especialistas analiza ahora bajo qué condiciones podría utilizarse, con el objetivo de reducir la dependencia energética del país.
¿Qué anunció Sheinbaum sobre el fracking?
La mandataria ha sido clara al señalar que no se trata de un regreso al modelo tradicional de fracking. La propuesta en estudio contempla condiciones estrictas: no utilizar agua dulce, privilegiar el empleo de agua salada e incorporar sistemas de reciclaje del líquido utilizado durante el proceso. Esto significa que México no ha aprobado una apertura generalizada a la técnica; cualquier eventual proyecto aún está sujeto a estudios técnicos, ambientales y económicos.
Del rechazo de AMLO al cambio de postura
El giro representa un cambio significativo respecto a la política energética del expresidente López Obrador, quien convirtió el rechazo al fracking en un compromiso de gobierno y promovió una reforma constitucional para prohibirlo, aunque sin éxito. Sheinbaum, inicialmente crítica, ha abierto la puerta a explorar si las nuevas tecnologías permiten aprovechar los yacimientos de gas no convencional con un impacto ambiental menor.
¿Por qué México vuelve a mirar hacia el gas no convencional?
La respuesta está en la dependencia energética. México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural, y una parte mayoritaria proviene del extranjero. La meta oficial es elevar la producción nacional hacia 2030, aprovechando campos convencionales y recursos de mayor complejidad geológica. Se estima un potencial de 141.5 billones de pies cúbicos de gas no convencional, pero su extracción depende de factores como la rentabilidad, la infraestructura y los impactos ambientales.
¿Qué es exactamente el fracking y por qué preocupa a los ambientalistas?
El fracking consiste en perforar un pozo e inyectar un fluido a alta presión para fracturar la roca y liberar hidrocarburos. El fluido contiene agua, arena y aditivos químicos. Las principales preocupaciones ambientales incluyen el consumo de agua dulce, la contaminación de acuíferos, la sismicidad inducida, las emisiones de metano y la transformación del territorio. En regiones con estrés hídrico, estos riesgos son particularmente graves.
¿Qué propone el llamado 'fracking moderno'?
La estrategia de Sheinbaum busca reducir estos impactos mediante el uso de agua salada, sistemas de reciclaje y la investigación de fluidos con menor impacto ambiental. Sin embargo, los riesgos no desaparecen por completo: la perforación, extracción y manejo de residuos seguirán requiriendo una vigilancia ambiental rigurosa.
Pemex tendrá un papel central
El gobierno planea que el Estado, a través de Petróleos Mexicanos (Pemex), conserve un papel predominante en la explotación de los recursos energéticos. El eventual desarrollo de gas no convencional requerirá inversiones importantes en infraestructura y tecnología, lo que plantea un debate que va más allá de lo ambiental e involucra la seguridad energética, la soberanía y la competitividad frente al gas estadounidense.
¿México ya autorizó el fracking?
No. El gobierno federal abrió la puerta a estudiar la extracción de gas no convencional, pero no existe una autorización general. Antes de cualquier proyecto, deberán determinarse su viabilidad económica, las condiciones geológicas, la disponibilidad de agua salada y las medidas de protección ambiental. El desafío para la administración de Sheinbaum será demostrar que una eventual explotación puede realizarse sin comprometer los recursos hídricos ni generar impactos que contradigan los principios de la Cuarta Transformación.