Mariana Garza, integrante del grupo mexicano Timbiriche, recordó públicamente cómo su amistad con Sasha Sokol se rompió cuando esta inició una relación sentimental con el productor Luis de Llano, y reconoció que el entorno del grupo normalizó en su momento un vínculo que hoy cuestiona. Sus declaraciones, recogidas por Milenio.com, vuelven a cobrar relevancia con el estreno de la serie de ViX dedicada a la agrupación.
Las declaraciones fueron formuladas en una charla con Aurora Valle para el programa de YouTube Confesiones, realizada hace tres años, pero circulan de nuevo en el debate público. El caso toca un tema que interesa a cualquier democracia: la manera en que una sociedad reconoce, nombra y corrige conductas que durante años fueron aceptadas en silencio.
Una amistad que se transformó
Mariana Garza describió su relación con Sasha Sokol durante la juventud como prácticamente inseparable. Las dos cantantes compartían la vida diaria, sobre todo en casa de la familia de Sasha.
Éramos uña y mugre, vivíamos una con la otra, mucho más en su casa. Pero la relación era 24/7.
Esa cercanía cambió cuando Sasha comenzó su relación con Luis de Llano, productor vinculado a la banda. Garza contó que dejaron de convivir con la misma frecuencia y que el vínculo nunca regresó a lo que era antes.
A partir de que ella empieza a tener esa relación distinta, lo único que pasó es que nuestra relación dejó de ser; dejamos de ser esas hermanas inseparables.
Garza explicó que no vivió esa etapa de la misma manera que otras relaciones sentimentales dentro del grupo, como cuando Sasha era novia de Benny Ibarra. Después, Sasha salió de la agrupación y se fue de México. Durante ese periodo, según contó, Garza perdió el contacto con ella y tampoco siguió de cerca la trayectoria del grupo hasta años después.
Reconocer la normalización del abuso
En la conversación con Aurora Valle, Mariana Garza reflexionó sobre cómo los integrantes de Timbiriche percibieron entonces la relación entre Sasha y De Llano. En entrevistas de la época, dijo, llegaron a hablar de ellos como novios y a señalar que veían contenta a su compañera.
Nosotros, de la mejor manera, entendimos que tenían una relación.
Con los años, Garza admitió que esa percepción formaba parte de un fenómeno que hoy tiene nombre.
Éramos parte de esa... ahora le llamamos normalización.
La actriz expresó su admiración por Sasha Sokol, quien hizo pública su denuncia contra De Llano. Consideró que hablar de lo ocurrido exigía valentía y generosidad.
Admiro a mi hermana porque esto va a ayudar a muchas más personas.
Garza dijo conservar reconocimiento por el trabajo del productor, pero subrayó que eso no justifica sus acciones.
Parte de mi sanación es reconocer que esa persona, a la que le tengo tanto agradecimiento y cariño, cometió algo que no está bien. Que tiene que reconocer y tenemos que hacer que no pase.
La pregunta que queda: cómo intervenir
En otra intervención previa, en el programa Netas Divinas, Mariana Garza había reflexionado sobre la responsabilidad de actuar cuando una persona es víctima de abuso. Señaló que su carácter fuerte le permitió mantenerse a salvo en determinadas situaciones, pero consideró necesario cuestionar las conductas que antes se aceptaban socialmente sin examen.
¿Cómo intervenimos ahora en el momento que alguien está abusando de otra persona?
El reto, según la artista, consiste en transmitir a las nuevas generaciones que estas situaciones no deben normalizarse ni negociarse, sino reconocerse y detenerse.
Por qué importa esta conversación más allá del espectáculo
El caso de Timbiriche no es solo una página de la historia del pop latino. Es un ejemplo de cómo una comunidad entera, en este caso un grupo de adolescentes y los adultos que los rodeaban, puede aceptar como natural una relación que hoy se denuncia como abuso.
Ese proceso tiene un nombre preciso en el debate público: normalización. Ocurre cuando una práctica dañina deja de generar rechazo porque el entorno la repite, la celebra o simplemente la calla. Romper ese ciclo exige algo que las democracias saludables practican en todos los ámbitos: hablar claro, nombrar las cosas por su nombre y proteger a quienes denuncian.
La declaración pública de Sasha Sokol contra Luis de Llano y el respaldo que ahora expresa Mariana Garza ilustran ese cambio cultural. Lo que hace dos décadas habría quedado en rumor de corredor hoy se discute abiertamente, con las víctimas al centro y con consecuencias para los responsables.
Para las audiencias de América Central, la lección es aplicable sin esfuerzo. La región ha avanzado en leyes contra el abuso y la violencia hacia menores y mujeres, pero la norma legal solo funciona si la sociedad la acompaña. La pregunta que Garza planteó en Netas Divinas vale para Costa Rica igual que para México: qué hace cada persona, en el momento exacto, cuando ve que alguien abusa de otra persona.
El silencio cómplice no es neutral. Las palabras de Garza, al reconocer su propia participación en aquella normalización, muestran el primer paso de cualquier reparación honesta: admitir el error, sin excusas, y comprometerse a que no se repita.
Preguntas frecuentes
¿Qué dijo Mariana Garza sobre la relación entre Sasha Sokol y Luis de Llano?
Garza dijo que la amistad entre ella y Sasha Sokol se rompió cuando Sasha inició su relación con el productor, y reconoció que el grupo normalizó en su momento un vínculo que hoy cuestiona.
¿Dónde hizo estas declaraciones Mariana Garza?
En una charla con Aurora Valle para el programa de YouTube Confesiones, realizada hace tres años, que según Milenio.com vuelve a circular con el estreno de la serie de ViX sobre Timbiriche.
¿Qué es la normalización del abuso, según este caso?
Es la aceptación social de una conducta dañina sin cuestionarla. Garza admitió que los integrantes del grupo hablaban de la relación como si fuera un noviazgo normal, algo que hoy reconoce como parte de esa normalización.
¿Qué pidió Mariana Garza para las nuevas generaciones?
Pidió que estas situaciones no se normalicen ni se negocien, sino que se reconozcan y se detengan, y planteó la necesidad de intervenir cuando alguien está siendo víctima de abuso.
